martes, 15 de septiembre de 2009

Reseña Zbignew Bzrezinski "An Agenda for NATO. Toward a Global Security Web"




























Zbignew Bzrezinski, "An Agenda for NATO. Toward a Global Security Web", Foreign Affairs, Vol. 88, No. 5, septiembre-octubre 2009. p.1-20.


Hace algunos meses en este espacio refería un acontecimiento trascendental en las relaciones internacionales de la contemporaneidad: el 60 aniversario de la fundación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, (NATO en inglés, véase mi artículo "Feliz Cumpleaños OTAN", abril de 2009). Cuando parecía que había quedado atrás este importante episodio de 2009, recibí en mi correo hace ya algunas semanas el boletín mensual de la influyente revista estadounidense Foreign Affairs, en el que se anunciaba el flamante nuevo artículo del geoestratega polaco-estadounidense Zbignew Brzezinski. El título me pareció muy sugestivo, considerando además el peso del autor en el establishment norteamericano, por lo cual decidí adquirirlo al módico precio de 1 dólar, y tras leerlo consideré pertinente escribir una reseña, dada la relevancia de los temas tocados por el autor en el texto arriba citado.


Antes de comenzar es pertinente decir quién es el autor al que me referiré a lo largo de este texto. El curriculum de Brzezinski es impresionante, pero bastará decir que fue uno de los principales artífices de la victoria estadounidense contra la Unión Soviética en la Guerra Fría. ¿Cómo pudo ser esto? Sencillo de responder: fue asesor de seguridad nacional del presidente Carter de 1977 a 1981, sentando así las bases de la política exterior estadounidense en la recta final de la Guerra Fría. Por consiguiente, al ser un hombre conocedor de los laberintos del sistema político estadounidense, Bzrezinski es una buena fuente para divisar el futuro de las relaciones internacionales en una época en la que, como bien señala el polaco-estadounidense en este artículo, las naciones están cada día más políticamente despiertas (claramente México no entra en este juego).


El artículo comienza con una valoración histórica de la OTAN a lo largo de sus 60 años de existencia. Para Brzezinski la OTAN institucionalizó tres momentos nodales en las relaciones internacionales de la edad contemporánea: 1) El fin de la por siglos interminable "guerra civil" (sic) librada en Occidente por la hegemonía en el Atlántico Norte y Europa. (Recordar que hasta la Segunda Guerra Mundial Europa había estado casi 700 años en constante guerra). 2) El compromiso de Estados Unidos al termino de la Segunda Guerra Mundial de proteger a Europa de la amenazante dominación soviética; y 3) la pacífica terminación favorable a Occidente de la Guerra Fría, cuya principal consecuencia fue la "creación de las precondiciones de una mayor Unión Europea democrática" y el fin de la división geopolítica del Viejo Continente.


No obstante los éxitos de la OTAN de finales del siglo XX, el autor sostiene que tras haber dejado de existir su razón de ser, o sea la amenaza del bloque soviético, la organización transatlántica ha tenido que buscar nuevos elementos que justifiquen su legitimidad como un cuerpo político-militar de carácter multinacional. Por lo tanto, ante los cambios que impone la dinámica geopolítica mundial, en la que el centro de gravedad político y económico del poder global se está moviendo del Atlántico Norte a la región Asia-Pacífico, son, pues, cuatro los grandes retos que enfrenta la alianza a corto, mediano y largo alcance. Y aquí llegamos a la parte central del artículo: en ella el autor enumera estos grandes retos que afronta una OTAN renovada con nuevos miembros alguna vez pertenecientes al otrora poderoso Pacto de Varsovia.


Primero: La cuestión afgano-pakistaní. A corto plazo este es el problema que más concierne a la cúpula política de los países del Atlántico Norte. El cómo obtener un resultado satisfactorio del empantanado contencioso contra el Taliban y demás grupos extremistas, es la principal preocupación, señala Brezinzski, de todos los países de la alianza. Secunda la posición de la administración Obama, de quien por cierto es asesor en materia de política exterior, en el sentido de que la guerra en Afganistán no se va a ganar sólo, ni principalmente mediante las armas, sino que un concertado proyecto económico y político-administrativo deben de ir por delante del ruido de las metralletas. Además, valora la importancia de integrar a China, India e incluso Irán en un dialogo estratégico con miras a buscar no ya una victoria hollywoodesca de Occidente, sino para evitar "un verdadero caos en la región". En pocas palabras: sin la ayuda de de estas potencias regionales (China ya ni tan regional), EU y sus aliados están condenados a fracasar en Afganistán. Tampoco deja de lado la vital importancia de Pakistán en el conflicto, ya que sin un Pakistán comprometido con la pacificación de sus zonas tribales, el avance de las tropas de la OTAN en las provincias más orientales de Afganistán no sirve demasiado.


Segundo. El artículo 5º del tratado de la alianza. Para el autor, este es un punto cardinal en el futuro de la OTAN. ¿Por qué? Porque el artículo 5º básicamente señala que cualquier ataque a cualquier miembro de la alianza será considerado como motivo para que cualquier país miembro tomé las represalias que considere pertinentes, incluyendo las de corte militar. Bzrezinski saca esto a colación, ligándolo con el primer gran reto ya enumerado. Para él, este artículo está fuera de la realidad presente, pues sólo aplicó en el momento en que los países europeos, debilitados tras la Segunda Guerra Mundial, aceptaron ponerse al amparo militar y económico de Estados Unidos. Sin embargo, esta situación no aplica más, aduce el autor, ya que los Estados europeos, ahora fortalecidos, no consideran muy necesario comprometerse de lleno en la lucha en Afganistán. Para ponerlo en una idea: Bzrezinski condena suavemente la falta de cooperación de Europa con EU en la guerra en Afganistán, y llama a reformular el articulo 5º de la alianza, al considerar a éste fuera de contexto histórico y geográfico, pues en la historia de la OTAN es inédita una guerra en la que tropas de esta alianza se hayan inmiscuido fuera de las costas de Europa y el Atlántico Norte. Por ende, es tarea primordial del nuevo secretario general Anders Fogh Rasmussen presionar para que se reactualice este artículo.


Tercero. Rusia. Consciente de la importancia de Rusia para acometer los retos del siglo XXI, principalmente a nivel regional pero también global, Brzrezniski señala que es necesario entablar serias negociaciones y comprometer al otrora hegemón global a un pacto estratégico mutuo. También hay que decirlo: Rusia no está en posición de depender solamente de una política unilateral, de hecho tiene que privilegiar la vía multilateral a pesar de sus nostálgicas pretensiones territoriales sobre la Europa Oriental y el Cáucaso. Lo importante de este punto es el reconocimiento de Rusia como un Estado primordial para el establecimiento de un sistema de seguridad global. Para decirlo sucintamente: sin el compromiso de Rusia, la OTAN no podrá concertar un sistema de seguridad global efectivo.


Cuarto. La OTAN y su respuesta a los nuevos "dilemas" (sic) de seguridad mundial. Para entender este punto es necesario referir la idea del autor en torno al "despertar político de la humanidad", la cual por cierto no es nueva, basta ver la revolución historiográfica del siglo XX para darnos cuenta de cómo la historia dejó de ser obra de los hombres de Estado y pasó a convertirse en una construcción conjunta de las masas. Empero, el punto de Brzezinski va en el sentido de que actualmente la humanidad se encuentra más interconectada en términos políticos, económicos y militares como nunca lo había estado antes en su historia, lo cual, aunado a la proliferación de grupos fundamentalistas y chauvinistas resentidos con el colonialismo occidental, además de la repartición de poder observada desde comienzos de siglo, hacen que las amenazas a la seguridad de los Estados sean más latentes y más difíciles de manejar con un sistema de seguridad mundial tan limitado como el que actualmente se tiene. Entonces, propone que se cree un sistema global de seguridad en el que estén interconectadas, mediante acuerdos estratégicos, las principales alianzas militares del orbe: desde luego la OTAN, pero también la Organización de Cooperación de Shangai, que agrupa a Rusia, China y 4 repúblicas centroasiáticas. la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (CSTO) que agrupa a Rusia y a repúblicas ex-soviéticas de Europa del Este, así como acuerdos estratégicos con naciones individuales importantes por su posición geopolítica como India, China e incluso un cadavérico Japón que intentará regresar al tablero de ajedrez global con su nuevo gobierno de centro-izquierda.


Todos los argumentos del autor en el presente artículo tienen su razón de ser en su posición respecto a este último punto, pues para Brzezinski, y ésta es precisamente la idea principal del texto, la OTAN tiene que erigirse como el "centro de gravedad de una red global de seguridad formada por varios tratados de seguridad y cooperación entre Estados con un creciente poder de actuar". Bzrezinski está embriagado por el éxito que ciertamente tuvo la alianza en estabilizar política y militarmente a Occidente, para él la OTAN significó un nuevo paradigma en las relaciones internacionales comparable incluso a aquel que sentara las bases de la diplomacia moderna: el tratado de Westphalia de 1643. Sin embargo, está consciente de que su éxito a corto, mediano y largo plazo depende del cumplimiento de los 4 puntos mencionados.


Ahora bien, desde mi punto de vista, un aspecto sumamente destacable del presente artículo, y más por la naturaleza de quien lo escribió, es la aceptación de la multipolaridad en la política internacional. Incluso, el mismo Brzezinski condenó la unipolaridad neoconservadora estadounidense en Irak y su consiguiente fracaso. Esto no quiere decir que EU vaya a renunciar a su poderío global, mas se ha dado cuenta de que la realidad es totalmente opuesta a aquella de la década de los 90 del siglo pasado en la que la unipolaridad era incuestionable. Bzrezinski sabe mejor que nadie que Occidente puede ser tragado en un futuro no muy lejano por el Islam y Asia Oriental, regiones cuya población y economía (El Islam en términos económicos no tanto) van en un aumento descomunal comparado con Occidente. Por lo tanto, para el geoestratega, la OTAN puede ser quizá esa última carta para contrarrestar el creciente poderío de las civilizaciones no occidentales.

viernes, 7 de agosto de 2009

Rusia – Estados Unidos ¿Una nueva era en la relación bilateral?










En una de las cartas mejores jugadas en materia de política exterior, el gobierno del histórico presidente Barack Hussein Obama se ha dado a la tarea de en las últimas semanas emprender una política de acercamiento y reconciliación con la Federación Rusa. La relación entre las dos mayores potencias militares del orbe bajo la presidencia de los llamados “cold-warriors” (Vladimir Putin y Goerge Bush) había sido de constante conflicto retórico y mutua desconfianza. Dicho fenómeno en la relación bilateral fue exacerbado por el choque de dos visiones expansionistas e imperialistas en la que uno y otro país concibieron la idea de que grandes extensiones del planeta debían estar bajo influencia ya sea rusa o estadounidense respectivamente.

Desde luego esta actitud fue más representativa en la política exterior estadounidense bajo el liderazgo neoconservador durante los 8 años de Goerge Bush como presidente de aquel país. Estados Unidos trataba de imponer su razón geopolítica en todos los rincones del orbe, dado que los neoconservadores querían llevar a la práctica su proyecto del “New American Century”. Básicamente, dicho proyecto consistía en asegurar mediante todos los medios posibles, privilegiando el militar, la hegemonía absoluta de EU a nivel global. Creo que no es muy necesario señalar que este proyecto ha fracasado de momento, aunque los neoconservadores apuestan a la candidatura del general David Patreus, quien goza de amplia popularidad en EU debido a su tarea como máximo general en Irak, para las elecciones presidenciales de 2012 en aras de reactivar tan ambiciosa empresa. (Para más del NAC véase http://www.newamericancentury.org/)

Por su parte, Rusia bajo la presidencia de otro “cold warrior” Vladimir Vladimirovich Putin, quien hoy en día a pesar de ya no ser el presidente de Rusia continúa siendo uno de los hombres más poderosos del mundo, comenzó una era nostálgica de sus memorias soviéticas y emprendió una política de recuperación de espacios y zonas geoestratégicas para el Kremlin. La guerra de Georgia precisamente hace un año fue clara muestra del afán ruso de recuperar sus esferas de influencia. Rusia acostumbrada a tener el Cáucaso bajo su mando desde tiempos zaristas no iba a permitir que un poder tan lejano como EU se posicionara en las puertas del Kremlin. El presidente georgiano Mikhail Sakaashvilli, egresado de Harvard, evidentemente forma parte de esos gobiernos títeres de los intereses occidentales, en particular de EU. Sin embargo, con los halcones alejados de las decisiones en materia de política exterior su rol como pasará a ser de diferente naturaleza en la relación bilateral Rusia-EU.

De la confrontación y el choque retórico, Obama y su equipo plantean el “reseteo” de la relación. Buscan una relación basada en mutuos intereses y no en mutuos valores. Esto es: buscan una relación en la que tanto EU como Rusia ganen. Desde luego que es complicado este juego. A pesar de las buenas intenciones, tanto Rusia como EU tienen en su código genético cultural la idea hegemónica e imperialista de siempre. Desde mi perspectiva lo que importa en este punto es el impacto de esta idea con la realidad histórica, económica y geopolítica del momento. Bush y su equipo de halcones no supieron conjuntar realidad con imperialismo, Obama más inteligentemente lo trata de hacer, al menos al respecto con Rusia, porque en la cuestión afgana es harto complicado. Asimismo, el también joven y abogado presidente de Rusia Dimitri Medvedev, está jugando esta carta, o sea la de conjuntar la idea de imperialismo con realidad presente. Esa es la sustancia de toda la política exterior de las naciones llamadas como potencias. Es el cimiento de su comportamiento con respecto a otros Estados. De la efectiva conjunción de esos dos elementos depende el éxito de la política exterior de la potencia en cuestión. Por lo tanto, Obama sabe que si quiere elevar el poderío e influencia estadounidense (porque eso es lo que quiere cualquier presidente de EU sea demócrata o republicano) tiene que tomar medidas conducentes a mejorar su relación con las otras potencias geopolíticas, es decir, Rusia y China. Ambas cosas las está haciendo muy bien.

Ahora bien, Rusia tiene que jugar la misma carta con mucha responsabilidad y sobre todo con mucho conocimiento de causa. El país más grande del mundo debe dejar sus sentimientos nostálgicos de aquella era soviética, pues actualmente ese otrora gran poderío está muy lejos de acariciarse si quiera. La influencia que alguna vez llegó a tener la URSS en la realidad actual es casi imposible de volverse a adquirir. Si bien es cierto que en términos militares aún Rusia continua siendo una superpotencia, no tiene la capacidad en otros campos, como el económico y financiero, para exigir trato de hegemón global. Considero que Rusia se debe avocar a defender sus fronteras y su radio de influencia como el Cáucaso y países como Ucrania y Bielorrusia. Los países del mar Báltico definitivamente los ha perdido, pues ya hasta en la OTAN están. Sin embargo, aquellos casos no son tan dramáticos como Ucrania, pues lazos históricos y culturales unen a gran parte de la población ucraniana, particularmente la del este, con Rusia. Por lo tanto, la entrada a la OTAN por parte de Ucrania sería desastrosa para los intereses geopolíticos de Rusia. Definitivamente sería una derrota para Moscú.

El reciente viaje en julio a Moscú habló muy bien del compromiso que Obama quiere adquirir con Rusia. De entrada, una cuestión que se debe resolver a la voz de ya es la nuclear. No porque sólo ataña directamente a la relación bilateral entre ambas naciones sino que también incluye a toda la humanidad. A pesar de que el compromiso de la reducción de los arsenales no es demasiado significativo (no esperen que de la noche a la mañana se eliminen todas las armas nucleares), sí es muestra de voluntad política traducida en acciones concretas.

El otro punto espinoso en la relación es el proyecto que Bush le heredó a Obama de construir un radar antimisiles en la República Checa y una base para 10 misiles de mediano alcance en Polonia (suficientes para alcanzar territorio ruso). Estados Unidos argumenta que esta medida está encaminada a repeler un posible ataque de Irán. Sin embargo, es claro que de llevarse acabo este proyecto se estaría amenazando directamente a Rusia, por consiguiente, el actual presidente estadounidense ha sido muy cauto en manejar esta situación, pues no ha mencionado claramente sí es que el proyecto se va a concretar para 2012 como tenía planeado Bush.

En suma, la relación bilateral Rusia-EU es quizá una de las más complejas del orbe, ya que incluye la participación de organizaciones multiestatales como la OTAN o la OCS, en las que se debaten temas como Irán y Afganistán. Asimismo, la relación se ha vuelto cada vez más compleja debido al decline en el poderío de ambas naciones. Sin embargo, parece ser que es Rusia el país que más poder está perdiendo, puesto que los años de bonanza económica debido a los altos precios del petróleo están llegando a su fin.

En una nota del think tank ruso Russia Profile Vladimir Frolov refiere los últimos acontecimientos a nivel regional que muestran la pérdida de la influencia y el poderío ruso incluso en sus propias fronteras. Entre ellos destacan el acto de rebeldía del gobierno proruso de Bierolorrusa presidido por Alexsander Lukashenko al pedir inversión estadounidense a su país y acercarse más con Occidente. También varios Estados de la Comunidad de Estados Independientes, organización fundada tras el colapso de la URSS que agrupa a países ex soviéticos de Asia Central, de Europa del Este y algunos del Cáucaso, se rehusaron a atender una reunión informal en Moscú el mes pasado. Además, en un hecho no menos significativo Tayikistán acaba de aprobar el mes pasado una ley en la que se prohíbe el manejo del idioma ruso en documentos oficiales, lo cual demuestra el decline de la influencia rusa en la zona.

En un escenario de tan poco margen de maniobra, Medvedev está tratando de contrarrestar estas cuestiones e intenta mostrar una imagen al exterior de una Rusia fuerte. Obama por su parte, cambia el discurso bushiano de conflicto y denuncia, proponiendo una nueva etapa en la relación. Lo cierto es que no será una nueva era sino que se matizarán posiciones de ambos países y se buscará converger en escenarios en los que ambas naciones pueden ganar al mismo tiempo. Sin embargo, seguirá habiendo fricciones, especialmente por el caso de Ucrania y Georgia, las cuales solamente se podrían resolver a favor de Moscú mediante la elección de un presidente pro-Kremlin en las próximas elecciones de los países respectivos.

La historia de la relación URSS (ahora Rusia)-EU ha demostrado que incluso en los tiempos más álgidos de la Guerra Fría se pudieron llegar a acuerdos en los que se respetara la integridad física de ambas naciones, pero sobre todo se ponderara entre el alcanzar inconscientemente la consecución de los intereses nacionales y la búsqueda de consenso e interés mundial. En una nota publicada recientemente por la agencia de noticias rusa RIA Novosti, Henry Kissinger, antiguo secretario de Estado bajo la administración de Nixon, hacía un homenaje con motivo de los 100 años del nacimiento de Andrei Gromyko, su contraparte soviética durante sus años en el Departamento de Estado de EU. En este texto Kissinger menciona que a pesar de las diferencias antagónicas, se pudieron llegar a acuerdos en las negociaciones diplomáticas en las que ambos países tuvieron que ceder en varios puntos con tal de obtener cierta especie de consenso.

Desde luego que no se puede comparar el escenario de plena Guerra Fría al de hoy en día, sin embargo, lo que sí se puede hacer es ajustar la idea imperial con la realidad presente. Esa es la clave de todo y sobre la que deben de trabajar los diplomáticos rusos y estadounidenses.

jueves, 2 de julio de 2009

MÉXICO: A 9 años de la alternancia, Estado-nación sin rumbo


Hace nueve años los que para ese momento ya teníamos uso de razón política vimos la alternancia en el poder como el evento capital en el desarrollo histórico del México contemporáneo. Estábamos transitando de una etapa histórica a otra. Atestiguábamos el devenir de los tiempos en carne propia. Fuimos fieles observadores de la cesión del poder sin violencia de una clase política a otra en el marco de un Estado consolidado; hecho sin precedentes en la historia de México pues los cambios de este tipo siempre se habían dado mediante la violencia. En suma, parecía que México abría un nuevo capítulo en su historia, que la nación por fin había logrado alcanzar los beneficios de la democracia al haberse cumplido la voluntad de una mayoría de votantes. México estaba envuelto en un fervor sin precedentes; sólo este ambiente puede explicar el hecho de que ilustres hombres como Porfirio Muñoz Ledo, hayan dado su espaldarazo al candidato opositor del régimen supuestamente emanado de la Revolución mexicana.

Sin embargo, la desilusión paulatinamente fue permeando la atmosfera social al encontrarnos ante la situación de que el nuevo grupo en el poder no hacía los cambios que eran necesarios en aras de enmendar el cadavérico Estado mexicano emanado de la Revolución y cuya principal institución nació simbólicamente en 1929 con el famoso discurso de Calles. En este punto cabe hacerse una pregunta ¿Era realmente esa era la tarea histórica del nuevo régimen?¿Resucitar el Estado convaleciente que hubo de recibir sus últimas graves heridas con los sexenios tecnócratas de Salinas y Zedillo? Definitivamente que no. Su tarea no era resucitar un Estado convaleciente, era más bien refundarlo, recrearlo, rehacerlo. Era reconciliar uno de sus componentes, aquel que le da vida, aquel que le da su razón de ser, es decir, la población. (Recordar que un Estado básicamente se compone de tres elementos, a saber: territorio, población y gobierno, en este último están agrupadas las instituciones). En pocas palabras, la tarea histórica del nuevo gobierno era renovar el pacto social que había alejado tremendamente a la población de su gobierno. Al hacer esto, el nuevo gobierno coadyuvaría a refundar un Estado mexicano que estuviera acorde con los nuevos tiempos, un Estado fuerte que se pudiera enfrentar a los nuevos retos que la comunidad internacional afrontaba y en última instancia un nuevo Estado que satisficiera las demandas que le exigía una población harta de gobiernos del otrora partido hegemónico nacional.

Yendo a contracorriente histórica, el nuevo gobierno rápidamente se mostró incapaz de acometer semejante empresa. Prontamente, aquellos preocupados por la nación en su conjunto nos dimos cuenta de que el proyecto que era necesario para lograr las complejas transformaciones a escala nacional era inexistente. Caímos en la cuenta de que lo que sí existía era un proyecto de clase dirigido por un ex gerente de Coca Cola Company, representante de intereses corporativos, personaje soez, inculto y por consiguiente carente de conciencia histórica. Un personaje que no sabía la responsabilidad que acababa de adquirir y que si la sabía la hizo a un lado para defender los intereses de la clase política y económica a la que representaba. Al no asumir la responsabilidad que de facto adquirió tras haber sido electo en 2000, así como por haber intervenido directamente en el proceso electoral de 2006, el guanajuatense se convirtió no sólo en un traidor a la democracia, como comúnmente se dice, sino también en un traidor a la patria.

Tras ese ignominioso sexenio llegó el año 2006 y la oportunidad de dar marcha atrás a ese proyecto de clase que en nada se preocupaba por el bienestar del país. De nueva cuenta la nación mexicana se encontraba ante la posibilidad de darle forma a su futuro devenir, el cual apuntaba a ser comandado por un hombre que había nacido en el seno del partido encumbrado en el poder durante 70 años. Un partido que en 1988 se escindió en básicamente dos corrientes: la corriente nacionalista-democrática, que posteriormente fundaría un partido independiente, y la corriente tecnócrata-“modernizadora”, de donde salieron sus dos últimos presidentes, quienes erigieron al neoliberalismo y al libre mercado como sus dioses, causando estragos en décadas de millones de mexicanos.

Entonces, al ver el peligro que corría no para la nación sino para su proyecto de clase, el gobierno de la alternancia se valió de los medios más bajos para detener esa amenaza. Así, la avasalladora maquinaria estatal se abalanzó despiadadamente contra el candidato que presentaba un verdadero proyecto de nación y que prometía cambios sustanciales en las condiciones en las que se encontraba el país. Valiéndose de medios que tanto había criticado al partido encumbrado en el poder durante siete décadas tales como la cooptación sindical y el uso irrestricto de los medios de comunicación para desprestigio de otros candidatos, el nuevo grupo político al mando del gobierno nacional no sólo concretó su traición a la patria y a la democracia, sino también a su propia historia, contraviniendo principios que hombres ilustres como Manuel Gómez Morín habían establecido allá por 1939. Por lo tanto, no será 2000 el año que marcará nuestra futura historia, valga la contradicción, sino el 2006, año en el que la rancia oligarquía nos robo un futuro que podría haber lucido mejor. Sin embargo, el uso de contrafácticos, salvo usados en modelos teóricos demasiado especializados, no es válido para establecer un juicio en cuanto a la realidad presente de una determinada cuestión. Por lo tanto, no especularé con lo que pudo o no pudo haber pasado de haber sido diferente el proceso electoral de 2006.

Ahora bien, a 3 años después de la ilegítima continuidad de la alternancia en el poder la pregunta obligada es ¿hacia dónde va la nación?¿Dónde estamos?¿Se han abordado efectivamente las principales problemáticas que este país enfrenta? Sólo un ingenuo respondería que el gobierno que encabeza este débil Estado, que no fallido, ha hecho las cosas bien. Por ejemplo: dos de los principales problemas que urge resolver es el narcotráfico y el desempleo.

En referencia al primero, es evidente que se está perdiendo la guerra contra el narcotráfico emprendida por el actual gobierno. A esta problemática se le ha enfrentado de manera desastrosa, basta ver las cifras de personas muertas en el marco de esta guerra fallida. Además, grandes zonas de la nación se han militarizado innecesariamente, suscitando violaciones a los derechos humanos de la población civil. En pocas palabras, México es un país violento; somos la nación más sangrienta de Occidente, y no dicho por mí, sino por las cifras oficiales. ¡Vaya vergüenza!

Los que tenemos conocimiento de la problemática histórica del narcotráfico sabemos bien que no podemos culpar a la actual administración por este problema. Evidentemente que no es así. Lo que sí es verdad es que al problema se le ha tratado de resolver de manera ineficaz. Cierto, se han capturado varios líderes, también se han decomisado toneladas de drogas, sin embargo, esto no es suficiente. Las acciones militares tienen que darse en el marco de un proyecto de nación, en el que se contemple el empleo, la educación y la infraestructura como pilares en la lucha contra este pernicioso fenómeno delictivo.

En cuanto al empleo, hace no muchas semanas el jefe del Ejecutivo nacional se vanaglorió por haber creado en lo que va de su sexenio 4,000 nuevos puestos de trabajo. Declaraciones de este tipo significan una burla para la sociedad, cuando debieran ser cientos de miles los nuevos puestos de trabajo que ayuden a combatir fenómenos sociales como el ambulantaje, la prostitución y desde luego la delincuencia de todo tipo.

¿Merecemos este gobierno? ¿Merecemos que la rancia oligarquía mexicana siga dominando la agenda nacional establecida sólo a través de sus intereses? Por supuesto que no. Pero parece ser que la sociedad mexicana se empeña en permitir aquello. La sociedad civil, débil y sosegada por antonomasia, está aletargada, no lucha por salir adelante, está prácticamente empantanada. Preferimos destruir en lugar de construir. Criticar en lugar de analizar y proponer cosas nuevas.

Pero sobre todo, lejos de estar frente a una crisis económica, social y política, vivimos una tremenda crisis de valores. Una crisis de moralidad. Esa es la raíz de todos los problemas. Izamos la bandera del relativismo cultural y la posmodernidad para socavar nuestros valores y tradiciones mediante las cuales fuimos forjados como nación, en un complejo proceso de amalgamamiento de cerca de 300 años. Hemos confundido libertad con libertinaje, perseverancia con avaricia, superación personal con egoísmo; todo lo cual ha conllevado inevitablemente a fomentar y preservar el peor de los males que México a lo largo de toda su historia ha presentado: la corrupción. Corrupción que está presente en todos los niveles, no sólo en el gubernamental, sindical, o burocrático, sino en el más mínimo ámbito de la vida social del mexicano. Vivimos violando la ley. Creemos que por el hecho de que los gobernantes las violen, nosotros podemos hacer lo mismo. Olvidamos que la libertad no radica en hacer lo que queramos, transgrediendo el orden social establecido, sino en fomentar la convivencia social mediante el cumplimiento de la ley, cuya esencia per se es orgullo de la constitución racional del ser humano.

Dada la presente situación de nuestra patria pareciera ser que la sociedad civil quiere reaccionar. No obstante, refleja esta supuesta reacción de manera engañosa; se lanza en contra de la democracia y en franca “rebeldía” se muestra afín al voto nulo. Mas, ¿será legítima esta engañosa reacción? En primera instancia lo es. Tenemos derecho en las urnas a expresar nuestro descontento con todo el sistema político nacional. El gran problema es que no razonaremos ni analizaremos las consecuencias de esta acción. Práctica circunscrita a una clase media aferrada al caduco American way of life, el voto nulo tendrá, valga la redundancia, nulo impacto en el futuro de la nación. Lo único que haremos será apuntalar la cúpula política en el poder, la cual goza de un voto duro de considerables proporciones. Además, no existen mecanismos jurídicos que establezcan que a determinado número de votos anulados, la elección en cuestión pudiera ser invalidada. Esa práctica bien podría funcionar en democracias muy consolidadas, por ejemplo las europeas, (a las cuales les costó siglos y sangre imponerse ante enemigos como el absolutismo, el totalitarismo y el comunismo) pero no en una incipiente como la mexicana.

Develada la ineficacia del voto nulo, entonces surge la pregunta ¿Cuál es la solución para cambiar a este país? Una experiencia democrática puede servir como modelo para la actual situación mexicana. Para esto es necesario puntualizar que la democracia, como comúnmente se piensa, no es solamente la acción de ir depositar nuestro voto en las urnas, sino que representa una cultura política, un modo de vida en sociedad que fomente el pluralismo de todos los sectores de la sociedad y que en determinado momento sectores diferentes se unan para lograr objetivos comunes. El ejemplo histórico es, pues, el mayo francés de 1968, en el cual la mayoría de los sectores de la población se unieron para demandar un cambio en la política nacional francesa. Una serie de protestas, comenzadas por sectores estudiantiles, se extendieron a todos los rincones de la sociedad, desatando una conmoción nacional que en su máximo esplendor contó con 15 millones de manifestantes a lo largo y ancho de la República de Francia. El resultado: un referéndum convocado por el entonces presidente, nada más y nada menos, que Charles de Gaulle, aquel general que luchara contra la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. En dicho referéndum, obligado por la caótica situación en la que se encontraba Francia, la población manifestó su descontento y forzó la dimisión del presidente. Los millones de franceses lograron esto no yendo a anular su voto en las elecciones ordinarias, sino paralizando la nación, haciendo la situación tan incómoda para el aparato estatal que el propio gobierno tuvo que ceder ante las demandas de millones de personas.

Así pues, la propuesta es esa: paralizar la nación, paralizar las instituciones, salir a las calles a manifestarnos pacíficamente sin ningún afán partidista, con una clara conciencia nacional, enarbolando a México como único interés sobre todas las cosas. Organizar a la sociedad civil en grupos de trabajo, en comisiones encabezadas por ciudadanos notables, en las que se propongan cambios sustanciales en todos los rubros de la actividad nacional, tales como agricultura, industria, macroeconomía, política, educación, etc. Proponer dichos cambios ante el Congreso, con un sólido y numeroso apoyo ciudadano. Y en última instancia, exigir para 2010 la convocatoria para el establecimiento de un Congreso Constituyente en el que se redacte una nueva constitución acorde a la realidad actual nacional, celebrando así nuestras fiestas de Centenario y Bicentenario. ¿O hay alguna otra forma de celebrar estos episodios de la historia nacional que honrando la memoria de aquellos que dieron sus vidas para el forjamiento de una mejor patria mediante la refundación del Estado mexicano y la construcción de un nuevo episodio en nuestra historia?

¡Oh nación mexicana! Fuiste fruto de la conjunción de las dos magnas culturas que se encontraron frente a frente en el siglo XVI. Por un lado la cultura española, máxima representante en su tiempo de la civilización occidental, y por el otro, la cultura mexica, esplendorosa representante de la magna civilización mesoamericana. Ahora ve dónde te encuentras: secuestrada por una sociedad aletargada e inconsciente, por una clase política putrefacta, y por una rancia oligarquía.

La historia no es pasado muerto, sino presente vivo que nos incita a luchar por un mejor México. Como dijo Cicerón hace más de 20 siglos, “la historia es testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, mensajera de la antigüedad”. No seamos irresponsables con ella y construyamos una mejor nación. ¡Busquemos un nuevo pacto social!¡Refundemos el Estado!¡Salvemos México!

jueves, 25 de junio de 2009

¿Qué está pasando en Irán?


Si bien es cierto que estoy en contra del establecimiento de leyes en el devenir histórico, pareciera ser que cuando se analizan los procesos revolucionarios de la época moderna se cae en la cuenta de que todos y cada uno de ellos, desde la revolución francesa, hasta la rusa, pasando por la mexicana, la china, entre otras, en determinado momento sufrieron severas crisis de legitimidad, lo cual en algunos casos conllevó a una dramática ruptura histórica inevitable; el caso ruso es el más representativo de lo anterior.

La revolución islámica iraní de 1979 es, asimismo, un proceso revolucionario que cabe en este apartado, pues precisamente en estos días vive la peor de sus crisis, mejor dicho la única significativa que ha tenido desde su origen tras el derrocamiento del Sha y el establecimiento del régimen islámico presidido por el legendario Ayatolla Jomeini. ¡Que bonita manera de celebrar sus 30 años!

Saber de qué magnitud es la crisis en estos momentos es difícil de decir; estamos atestiguando violentas reacciones por parte del gobierno hacia los movimientos de protesta de aquellos que consideran fraudulenta la reelección de Mahmmud Ahmadinejad, pero como dijera Hegel “no hay nada nuevo bajo el sol”, pues otras revoluciones enfrentaron asimismo retos a su legitimidad en mayor o en menor medida. Sólo recuerden Tlatelolco, Tiananmen o Praga, entre otros muchos ejemplos; los regímenes que tuvieron que lidiar con estas protestas pudieron sobreponerse de esos difíciles momentos a pesar de contar con un repudio generalizado de la opinión internacional. Ahora bien, ¿Será este el caso de Irán? Para contestar semejante pregunta es necesario realizar un sucinto esbozo del sistema político iraní, así como exponer las implicaciones geopolíticas del problema.

Con el advenimiento de los islámicos al poder, en Irán se estableció un régimen teocrático en el que el velayat –e faqih (literalmente el gobierno del jurista) concentra todos los poderes terrenales y espirituales. Él tiene bajo su mando todas las decisiones en materia judicial, de política exterior, política interior, así como también ostenta el cargo de comandante en jefe del ejército. Este señor, mejor conocido como Ayatolla, es el verdadero poder en Irán, no el presidente. Este último sólo representa los intereses de la jerarquía clerical chiita en Irán, aunque si bien es cierto en su discurso, principalmente en materia de política exterior, el presidente tiene cierta autonomía siempre y cuando no se salga de los intereses del líder supremo. Entonces, la jerarquía clerical tiene un pacto con las élites políticas que llevaron al poder a Ahmadinejad, quien representa el poder de los Pasdarans y Basijs, grupos militares que simbolizan el círculo duro del régimen y el campo político mejor organizado. Sin embargo, este sistema político también contiene sectores moderados descontentos con la actual administración del ex alcalde de Teherán, cuya política exterior, debido al programa nuclear, ha redituado en severas sanciones económicas a aquel país. Así pues, Ahmadinejad es el representante del ala conservadora del sistema político iraní, sistema que si bien ha variado desde presidentes reformistas, como un Mohamad Jatami, quien tenía un discurso más conciliador hacia Occidente, a un Ahmadinejad con una retórica violenta, se había mantenido cohesionado y unificado en torno a los ideales de la revolución islámica.

El problema que se vive en Irán es que la revolución islámica no contempló nunca la formación de una cultura democrática propiamente como tal. En Irán no existen partidos políticos como los conocemos en Occidente. En pocas palabras no hay una cultura política tradicional. El organismo encargado de las cuestiones electorales depende totalmente del gobierno en cuestión, por lo tanto siempre se presta a malos manejos de las elecciones. Sin embargo, nunca como el día de hoy se había visto que la oposición se manifestara de la manera que estamos atestiguando. Lo cual me lleva a aducir que lo que está pasando en Irán es la fragmentación de su sistema político, hecho comprobado por la pérdida de consenso del grupo reformista frente a un presidente que, según los opositores, ha confrontado a Irán innecesariamente con Occidente.

Ahora bien, con respecto a este último, ¿qué se espera que haga Occidente frente a esta crisis política? Contrario a lo observado en la presidencia de George Bush, Europa asumirá una línea mucho más dura a favor de nuevas sanciones a Irán. Francia, Alemania e Italia en la antesala de la cumbre anual del G-8 a celebrarse en la ciudad italiana de L'Aquila, han mencionado, particularmente la última, que es necesario asumir una fuerte posición contra el régimen de Ahmadinejad, debido a las violentas represiones en contra de los opositores. (Deutsche Welle, 25.6.09)

Empero, Estados Unidos por su parte, debe ser muy cuidadoso en su posición debido a los fuertes intereses geopolíticos que tiene en la zona. Al contrario de Bush, Obama inteligentemente se dio cuenta de que es mejor contar con Irán para la resolución de temas en la agenda de Medio Oriente, tales como la crisis árabe-israelí, pues Irán tiene fuertes lazos con Hamas y Hezbollah, así como también en la cuestión de Afganistán y Pakistán, ya que compartiendo cientos de kilómetros de frontera con ambos países, Irán puede servir de gran apoyo en la búsqueda de una solución que comprometa lo menos posible a las tropas de la OTAN apostadas en la zona. Por consiguiente, me parece que Barack Obama, quien obligado a seguir el protocolo ha condenado la violenta represión del régimen, se limitará a exigir el cese de estas actitudes y no pugnará por un cambio de régimen.

El subir de tono la condena de Occidente hacia Irán lo único que ocasionaría sería, en última instancia, la radicalización del discurso de Ahmadinejad, lo cual de facto provocaría un serio retroceso en las negociaciones en aras de acercar diplomáticamente al país islámico con Estados Unidos. Evidentemente Obama tiene que condenar las actitudes represoras, en verdad es algo sumamente repudiable el hecho de que un régimen suprima las garantías civiles de sus ciudadanos, no obstante, el novel presidente debe continuar fiel a su discurso de política exterior hacia las naciones no occidentales, el cual se resume básicamente en la búsqueda de intereses comunes, mas no de valores, como lo hiciera Bush al querer establecer los valores occidentales, como la democracia y la libertad en países como Irak y Afganistán.

Partiendo del enfoque realista en teoría de relaciones internacionales, a Obama lo que le interesa no es que Irán construya una democracia a la manera Occidental, sino que se mantenga estable con tal de que sirva para los intereses de Estados Unidos en la región. Por lo tanto, inmiscuirse en la política interna del otrora Imperio de Darío y Ciro, sería un grave error que podría pagar caro en todo su juego geopolítico en Eurasia. A pesar de las presiones de los republicanos, Obama debe de mantener un discurso tenue, que si bien puede condenar los excesos del régimen, no debe criticar el sistema político iraní, ni mucho menos en un futuro cercano poner en duda la legalidad y legitimidad de la nueva presidencia de Ahmadinejad. Repito, el hacer esto sería el pretexto ideal para radicalizar aún más a Ahmadinejad y tensar mucho más las cosas en una región de por sí ya sumamente inestable.

Desde mi perspectiva, la crisis que se encuentra viviendo el sistema político emanado de la revolución islámica será superada en algunas semanas. Seguramente habrá más detenciones, más muertos y más violaciones a los derechos humanos, lo cual no deja de ser lamentable, pero aún así Ahmadinejad logrará sentar sus reales de nuevo en el poder. Evidentemente a Occidente le gustaría tener a un presidente reformista al mando de Irán, pero como mencioné al principio de este texto, el Ayatolla está del lado del político conservador. Para evitar un nuevo periodo presidencial de Ahmadinejad sería necesaria una fuerte campaña de infiltración externa que incluso tuviera como objetivo la muerte del ex alcalde de Teherán. Así pues, lejos de seguir con ese discurso moralista occidental, la Unión Europea y Estados Unidos deberían de ponerse a pensar que la política de quid pro quo puede ser implementada en estos casos. Esta se podría traducir de la siguiente manera: Europa y Estados Unidos moderan su tono de crítica hacia Irán, dejando que éste se encargue de su crisis política, para que una vez recuperado se pueda sentar a la mesa de negociación tanto con diplomáticos europeos y por qué no hasta con estadounidenses también. Sin embargo, es temprano para llegar a alguna conclusión, sólo nos queda seguir los acontecimientos día a día.

sábado, 30 de mayo de 2009

Un nuevo Louvre. ¿En París? No, en Abu Dhabi. El posicionamiento francés en el Golfo Pérsico










Las fichas del tablero internacional poco a poco se vuelven a posicionar tras el fin de la hegemonía neoconservadora en la política exterior estadounidense. El histórico presidente Barack Obama en materia de relaciones internacionales ha dado cabida a la apertura definitiva, e irreversible incluso desde antes de comenzar su periodo presidencial, a algo que hoy llamamos la era multipolar y que definitivamente quedará registrada en la historiografía venidera como una época en la que las decisiones en política internacional conjuntaron a un gran número de naciones; pujantes algunas como China, India, Brasil; viejas potencias otras, como Francia, Inglaterra, Alemania; y por supuesto las antiguas superpotencias: Rusia y Estados Unidos.

Este fenómeno, el de la multipolaridad, ha permitido que países que antes lucían a la sombra de Estados Unidos desarrollen ellos mismos una serie de estrategias políticas y económicas en aras de ingresar como miembros activos e independientes al juego geopolítico en una serie de territorios en los que antes la presencia estadounidense era única e incuestionable. Pero no nada más estrategias políticas y económicas sino hasta culturales. Claro ejemplo de lo anterior expuesto es la cuestión a la que me voy a referir el presente artículo: Francia y su posicionamiento en el Golfo Pérsico.

HECHOS. Dos movimientos se registraron el martes pasado por parte de Francia.

El primero: la inauguración de una pequeña exposición artística en el lujoso hotel Palacio de los Emiratos ubicado en el puerto más pujante del planeta: Abu Dhabi. La inauguración de la exposición, a la que asistieron el presidente geoestratega francés Nicolás Sarkozy y el Sheik de Abu Dhabi Mohammed bin Zayed al-Nahyan, simbolizó el inicio de los trabajos de construcción de lo que en 2013 será el nuevo Museo Louvre Abu Dhabi. ¿El histórico Louvre guardián de la Giocconda de Da Vinci? Sí, pero en las costas del Pérsico.

Francia y los Emiratos Árabes Unidos firmaron un acuerdo mediante el cual Abu Dhabi pagará 555 millones de dólares al gobierno francés por el uso del nombre Louvre, así como préstamos artísticos de otros museos parisinos, exhibiciones especiales y asesoría técnica en la organización del nuevo museo. (The New York Times,”Abu Dhabi Gets a Sampler of World Art”, 26.5.09)

El Louvre Abu Dhabi, sin embargo, en realidad no será una calca del original parisino, sino que intentará crear un nuevo concepto, al cual llamo intercivilizatorio. Dicho concepto se puede apreciar al echar un vistazo a algunas de las obras que se muestran en la exposición referida anteriormente. Las obras van desde una figura cerámica griega del 520 a.C. a dos lienzos de Eduardo Manet de 1862, pasando por obras budistas, como un bodhisattva del segundo o tercer siglo d.C., una cabeza de Buddha en mármol blanco de la dinastía Qi (550-577 d.C.), a temas religiosos cristianos como “La virgen y el niño” de Bellini (circa 1480) y una escultura de Jesús que data del siglo XVI traída de la zona bávara de Austria.

Asimismo, entras otras obras, el Louvre Abu Dhabi ha adquirido 1 lienzo del francés Jean-François de Troy llamado “Esther Fainting Before Ahaseurus” así como objetos pertenecientes a Yves Saint Laurent de una subasta de la casa Christies llevada a cabo en París el pasado febrero.

En general, el objetivo del museo es fomentar el dialogo intercivilizatorio en materia artística y cultural, lo cual realmente es importante puesto que puede significar un intento de aproximación entre las diferentes civilizaciones que existen en ese planeta. Más importante aún, y en lo que estriba su significado, es que este acontecimiento se dará lugar en un país no occidental sino musulmán. Ilustrativo de lo anterior es la declaración del director curatorial de la Agencia Francesa de Museos, encargada de supervisar el proyecto del Louvre Abu Dhabi, Laurence Des Cars, quien señaló lo siguiente: “hay una gran escultura de Jesucristo enfrente de la cabeza de Buddha y de un Corán del siglo XIII… es el perfecto símbolo de nuestro espíritu universal”.

Una vez referida la bonita cuestión artística y cultural del posicionamiento francés en el golfo Pérsico doy paso a los hechos fácticos y geopolíticos que Francia está llevando acabo en aras de ejercer una influencia decisiva como nación independiente; ojo, dije nación independiente, no nación europea ni nación perteneciente a la OTAN, espero se entienda la diferencia. Pues no es lo mismo Francia dentro de la OTAN, que dentro de la Unión Europea, ni menos Francia actuando autónomamente en asuntos internacionales.

El segundo hecho es la apertura de la primera base militar francesa en el Golfo Pérsico. En un hecho sin precedentes en la historia de las relaciones internacionales francesas, el país galo ha consolidado una serie de compromisos en materia militar y energética con los Emiratos Árabes Unidos, pues Francia es por mucho su principal suplidor de armas, además de que ambos países tienen un pacto de defensa que data de 1995 en el que entre otras cosas se estipula el ejercicio de 25 maniobras militares conjuntas cada año; estos ejercicios militares generalmente pasan desapercibidos por la prensa internacional. (Radio France International. Rfi.fr, 26.5.09).

Ahora bien, ¿a qué se debe tanto interés por parte de Francia de establecer una base militar propia en el Golfo Pérsico? Primero que nada es importante mencionar la ubicación de la misma, puesto que se encuentra enclavada en uno de los sitios geoestratégicos de mayor importancia en el planeta: el estrecho de Hormuz. Por este estrecho pasa aproximadamente una tercera parte del petróleo a nivel mundial, entonces por obvias razones su control es necesario para la seguridad energética de los países interesados, principalmente Irán, país que debido a su proximidad geográfica es legítimo ostentador del mayor dominio en la zona.

Francia por su parte está mandando una señal muy clara a la comunidad internacional en el sentido de que está fuertemente interesada en participar activamente en la cuestión iraní, o sea en su programa nuclear. Sin embargo, a pesar de que Sarkozy en los últimos años ha adoptado un duro discurso en contra del programa nuclear de Irán, aun no se ha delineado una verdadera política autónoma francesa en este sentido. Será el tiempo el que dirá cual será el tono francés en torno a esta importante cuestión, pues desde la llegada de Obama y su cambio de paradigma en las relaciones internacionales la posición de muchos países debió de ser revisada.

En última instancia, ambos hechos, la apertura de la primera base militar francesa en el Golfo Pérsico y el comienzo de la construcción del Louvre Abu Dhabi, se enmarcan en un complejo proceso que hace casi un año denominé la reestructuración geopolítica de Francia. (Véase mi artículo en este mismo blog llamado “Francia y su reestructuración geopolítica”, julio de 2008). Ya sea desde el ámbito cultural o desde el ámbito político-energético, París intenta de nueva cuenta asumir su papel de potencia histórica en el manejo de los asuntos del fuero internacional. Ese es precisamente el significado de la apertura de la base militar: extender la zona de influencia francesa a zonas que el país galo considera de extrema importancia para sus intereses nacionales.

Así, Francia está de regreso. Disfrazada de democracia, como la mayoría de los Estados-nación de la era contemporánea, la cuna del otrora rey sol Luis XIV y del mítico Napoleón mantiene en su código genético cultural sus pretensiones hegemónicas imperiales al posicionarse en el complejo escenario del Golfo Pérsico.

Por consiguiente, es debido agradecer al presidente Sarkozy su intensa actividad en materia de política exterior, pues al menos les da bastante que considerar a los analistas internacionales. Que su política interna no tiene muy congraciados a importantes sectores de la población francesa, cierto, pero ese es otro cantar.

Chirac sólo movió los peones, Sarkozy se aventura y mueve caballos y torres. Empero, estoy seguro de que faltan la reina y el rey por ser jugados, ¿cómo le ira al Gary Kasparov de la política internacional? El futuro devenir histórico lo dirá. De entrada, con el inicio de la construcción del Louvre Abu Dhabi, la cultura y el arte se asestaron una victoria al fomentase, por parte de Francia y de los EAU, el dialogo intercivilizatorio en aras de acercar a las cautivantes culturas que componen a este mundo.

martes, 26 de mayo de 2009

El valle del Swat: un nuevo Ruanda









En el marco de la reforzada guerra global contra el terrorismo, el ejército Pakistaní acaba de provocar uno de los mayores éxodos en la historia contemporánea, al grado de que varios medios anglosajones comparan esta situación con el masivo éxodo tanto de hutus y tutsis observado en Ruanda en 1994. El ejército pakistaní en su afán de liquidar al Talibán, situado en zonas en donde alguna vez el Estado ejercía el control, está ocasionando una catástrofe humanitaria de grandes dimensiones.

Hace algunas semanas en este espacio refería la delicada situación que se vivía en Sri Lanka, que por cierto ya se resolvió al ser derrotado definitivamente, según el gobierno singalés, el Ejército de Liberación Tigres del Eleam Tamil. (The Washington Post, 25.5.09) En el conflicto que tuvo lugar semanas atrás, según Naciones Unidas, fueron más de 50,000 personas que sufrieron los estragos de la guerra. Entonces, si se compara lo acaecido en Sri Lanka con lo que sucede actualmente en Pakistán, se puede apreciar la gran diferencia que hay en cuanto a las cifras, pues, según Naciones Unidas van 2.4 millones de desplazados tras la ofensiva militar en el valle del Swat. (Dawn, 25.5.09).

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR) señaló la semana pasada que el éxodo humano del valle del Swat, situado al noroeste de Pakistán y alguna vez un paraíso turístico natural, se está convirtiendo en el más dramático desde el genocidio de 1994 en Ruanda. (The Guardian, 18.5.09) Esta situación per se es trágica, ya que el hecho de tener esa cantidad de desplazados, es significado del peligro al que están expuestos los pakistanís viviendo en el noroeste del Estado asiático. Sin embargo, hay un elemento que agrava aún más la situación: Naciones Unidas, a través de su Alto Comisionado para Refugiados, se encuentra en imposibilidad de suministrar a toda esa población vivienda, alimento, medicinas, víveres y todos los elementos indispensables para sobrevivir. Además, se carece de campos de refugiados, lo cual ha llevado a los desplazados a hospedarse con familiares en ciudades no afectadas por la guerra, metiendo así a 30 o más personas en una misma casa. Ya se imaginaran cómo han de ser las condiciones humanitarias en ese tipo de circunstancias.

Ahora bien, al contrario de Sri Lanka recientemente, o de Ruanda en 1994, en Pakistán la situación es sumamente compleja y francamente difícil de resolver. En Sri Lanka el problema fue la aparición de una organización terrorista con un objetivo bien definido y expresado abiertamente: la independencia de la región tamil del Estado singalés. Mediante atentados terroristas y una constante guerra civil de 25 años, los Tigres de Liberación trataron de lograr su objetivo, claudicando definitivamente hace pocos días tras la muerte de su máximo líder. 

En cuanto a Ruanda, la situación fue más que nada eminentemente étnica: hutus y tutsis se enfrascaron en una guerra civil que dejó como resultado el genocidio tutsi a manos hutus, en el que murieron, 800,000 personas, la mayoría a punta de machete. Sin duda, después del Holocausto judío, esta fue la peor atrocidad que se cometió en la segunda mitad del siglo XX contra un grupo humano por el simple hecho de tener un origen étnico distinto al asentado en el poder.

Por su parte, en Pakistán la situación es complejísima, pues el éxodo de estas semanas es sólo la señal más acentuada de la existencia de un profundo conflicto en el orden político, geográfico, histórico, económico y energético entre el Talibán y el Estado pakistaní. Conflicto en el que confluyen una serie de intereses internacionales, tanto de Estados-nación como de corporaciones transnacionales. Estados-nación como Estados Unidos, China, Rusia, e India, tienen cada uno de ellos múltiples intereses, principalmente de orden energético y geopolítico. Mientras que las corporaciones transnacionales tienen intereses del orden financiero-económico.

Asimismo, en la lucha entre el Talibán y Pakistán, y más ampliamente entre el Talibán y Occidente, particularmente EU y la OTAN, está presente una guerra ideológica y religiosa. El fundamentalismo islámico irracional de grupos radicales talibanes cierra cada día más el camino idóneo para dirimir las diferencias entre las naciones o entre grupos antagónicos, es decir, la diplomacia; pues creen dichos grupos, que su visión del mundo es la única y correcta, que Occidente es una civilización depredadora y que los territorios en los que se libra la guerra deben ser abandonados por las potencias europeas y norteamericanas, específicamente Afganistán. En efecto, la conducta de las cúpulas políticas de las naciones de Occidente a lo largo de la historia no ha sido la más pacífica y conciliadora con Asia; el colonialismo del siglo XIX dejó una huella incurable en el alma de las colectividades de aquel continente.

 No obstante todo el grado de culpabilidad que Occidente tiene en la problemática pakistaní, (recordar que Pakistán es un Estado artificial, pues es literalmente una amputación a India malograda por los británicos tras su abandono del Sureste asiático a mediados del siglo pasado), no se puede basar el análisis partiendo de esa premisa. La resolución del problema tiene que estar basada en el mutuo consenso entre talibanes, gobierno pakistaní y potencias occidentales. Los actores presentes en el problema del lado pakistaní son múltiples y variados: punjabs, baluchis, sindis, y pashtunes; ni el propio Islam ha logrado cohesionar esa etnicidad diversa. Asimismo, los propios grupos talibanes tienen muchas veces intereses diferentes, por lo que hablar de un Talibán es ciertamente una abstracción que dista mucho de ser una realidad unificada. Por consiguiente, Estados Unidos se enfrenta ante el dilema de mostrar una cara de reconciliación con el mundo Islámico, pero al mismo tiempo, como es natural en cualquier imperio, tiene que velar por sus intereses que ciertamente son principalmente energéticos, pero también de seguridad nacional, puesto que esas zonas ajenas al control estatal pakistaní son verdaderamente un semillero de terroristas, safe heavens dirían los anglosajones.

Así pues, el problema es intrincado, es decir, enredado, complicado, confuso. Pedirle la solución a un solo personaje, o sea Barack Obama, es una presunción reduccionista sobre lo que se debería de hacer para terminar el conflicto. La vía diplomática está abierta, sin embargo, Richard Holbrooke, enviado especial para Afganistán y Pakistán, no puede hacer todo, en realidad puede hacer poco. A veces los Estados colonizados tratan de ver en el exterior la resolución de sus problemas y pecan de omisión frecuentemente, tal y como lo está haciendo Pakistán actualmente.

¿Otorgar un verdadero grado autonomía a las provincias convulsas puede ser una buena solución? Por supuesto, el gran problema es que de quedar en manos de radicales irracionales, estas provincias podrían proclamar la independencia respectivamente, conllevando así de una u otra forma a lo temido por todos: la balcanización de la República Islámica de Pakistán. Y  como siempre, es el grueso de la población la que sufre: esta vez hasta el momento van 2.4 millones de desplazados. Sólo un dato: Pakistán tiene más de 170 millones de habitantes, por lo tanto la situación se podría agravar mucho más.

De momento, antes de esperar cualquier solución política o militar, las potencias occidentales, Rusia, China, India, organizaciones internacionales, así como los talibanes y Pakistán deberían de enfocarse a resolver la terrible crisis humanitaria en el valle del Swat y aliviar a las miles de personas afectadas por la guerra a través del establecimiento de campos de refugiados con buenas condiciones, suministro de alimentos, medicinas, ropa, etc. Además, Naciones Unidas tendría que llevar a cabo una campaña internacional que movilice a la sociedad mundial para el rápido suministro de provisiones, pues en primera instancia esa su principal tarea: velar por las condiciones humanitarias de la comunidad internacional.

Hegel decía “lo único que sabemos de la historia es que el hombre nunca aprende nada de ella”. No se equivocaba, pues el fantasma de Ruanda se pasea sobre los picos nevados del Valle del Swat, alguna vez llamado la suiza asiática por sus bellas montallas blanqueadas por la nieve y el ski que ahí se practicaba. Ahora este bello valle se ha convertido en testigo inamovible de una de las mayores tragedias de la historia contemporánea.